Pedos de Monja: historia de dulces con humor + receta especial
Entre “pedos de monja” a “huesos de santo”: la cocina conventual convirtió lo nombres más raros en parte de la gastronomía mexicana.
Hay nombres que parecen inventados por internet, pero existen desde hace siglos. Y los “pedos de monja” son prueba de ello. Aunque hoy se venden como dulces típicos en lugares como Querétaro y Puebla, su origen apunta hacia España, específicamente Cataluña.
Te recomendamos este videoAlgunos investigadores relacionan el nombre con el italiano petto di monaca (“pecho de monja”), que, con el tiempo, terminó deformándose hasta convertirse en el más memorable “pedo de monja” y claro, nadie quiso cambiarle el nombre.
En México, el dulce evolucionó en pequeñas bolitas de chocolate o bocados suaves cubiertos de cocoa, ligados a la tradición conventual queretana. De hecho, México Desconocido documenta cómo todavía forman parte de la identidad gastronómica local.
Entre rezos nacieron los postres
Detrás del nombre chistoso hay una historia muchísimo más grande: la cocina conventual. Durante siglos, los conventos femeninos de Nueva España funcionaron como auténticos laboratorios gastronómicos.
Ahí se mezclaban recetas europeas con ingredientes americanos y se preparaban dulces que ayudaban a sostener económicamente a las comunidades religiosas. De hecho, la historiadora Josefina Muriel explica en su tesis “Conventos de monjas en la Nueva España ” que muchas recetas sobrevivieron gracias a mujeres indígenas y mestizas que trabajaban dentro de las cocinas conventuales y transmitieron ese conocimiento fuera de los claustros.
Por eso tantos postres mexicanos tienen raíces religiosas: rompope, yemitas, tortitas de Santa Clara o camotes poblanos nacieron o evolucionaron entre conventos y cocinas monásticas.

Estos deliciosos panecitos son conocidos como Pedos de Monja pero por respeto prefiero llamarlos Suspiros de Monja. Foto: Archivo
Santos, azúcar y nombres sospechosos
Los “pedos de monja” no fueron un caso aislado.La repostería hispana lleva siglos usando nombres teatrales, religiosos y medio incómodos. España tiene ejemplos como “huesos de santo”, “suspiros de monja”, “yemas de Santa Teresa” o “tetillas de novicia”.
El escritor Xavier Domingo menciona en su libro “La cocina catalana” que muchos de estos nombres nacieron entre humor popular, mercados y tradición oral.
Y honestamente en México, donde el doble sentido prácticamente es patrimonio cultural, era imposible que un nombre así desapareciera.
Del convento al folklore
Quizá lo más fascinante de los “pedos de monja”, detrás del nombre absurdo, es que existe una historia real sobre conventos, intercambio cultural y recetas que viajaron entre continentes.
Europa aportó técnicas, azúcar y tradición repostera. Nueva España añadió cacao, vainilla y una cultura popular capaz de convertir cualquier receta en folklore.
Y tal vez por eso este dulce nunca desapareció. Porque mezcla perfectamente las tres cosas que mejor sobreviven al paso del tiempo: la comida, el humor y los nombres imposibles de ignorar.

Se llaman Pedos de Monja (sí, así como lo leíste) y son esas bolitas de masa esponjosita, crujientes por fuera, azucaradas y con canela que te hacen cerrar los ojos de puro gusto. Foto: Archivo




